Poemas inéditos

«Escribir no es hacer, sino aposentarse, estar.»

josé ángel valente, Mandorla

Juan Pablo Roa Delgado

La poesía, la vida

 

 

 

COMO el que habla de una mujer en los poblados

entre el polvo de las veredas

sin haberla visto jamás;

 

como el que por entre ríos y valles

va dibujando una nueva ciudad

y en ella los nombres de la que no conoce;

 

así la mano que te busca en lo que fue,

en lo que va borrando la memoria

para recordar y dar una fecha

a la arena que escapa entre las manos

 

entre la eternidad que no trasciende

la prueba del instante en que vivimos.

 

 

 

***

 

 

COMO VOCES PERDIDAS,

como pájaros de un único vuelo,

a la orilla de la edad y del tiempo,

vuelven a mí desnudos

los elementos y sus accidentes:

el río Arno, más de papel que de agua,

o mi mujer corriendo

con una cumplida parrilla entre las manos

y el don del vino en la sonrisa.

 

El viento serenaba nuestra siesta,

la brisa acariciaba los olivos

y ventilaba nuestros sueños veinteañeros

a la intemperie de un día de reloj campesino.

 

 

***

 

 

NO SERÁS feliz mañana ni cuando tengas

ni serás mañana una suma.

Resta mejor lo que no hiciste,

suma las renuncias, las tardes

disipadas por la plata del oro plástico

disipadas, las tardes en que no fuiste a la escuela

ni recogiste al amor de tus ojos,

las puestas de sol que dan eslabones a lo que será ya tarde

a lo que no fue más.

Acariciar la cabeza de tu retoño,

abrazarla a ella o a él,

perder el tiempo, disipar la vida

en contra del trabajo

o en contra del tener.

 

Porque nunca tendrás:

no serás feliz mañana ni cuando tengas

ni serás mañana una suma de lo conseguido.

 

 

***

 

 

PALABRAS de la intemperie marina

que se presentan, que se manifiestan

«porque es ley de los cuerpos»;

llegan o van llegando

intermitentes, a solas y desde la vigilia

sueltas, como sin dueño

hasta que llega la expresión,

el ir más allá del hígado astral

fruto ensimismado, sustancia intacta,

a salvo ya de toda corrupción.

 

 

 

***

 

 

I

 

 

SE HABLA DEL MUNDO como de un jardín trasero

yendo y viniendo con los pies de otro

como quien va con ojo cerrado al museo,

o viaja en jet especial para comprobar que el mundo

es mundo aquí y allá,

como el hombre, sus mujeres y lo que bebe.

 

No, las tonterías tienen voz propia

y no hay que ir hasta el Kilimanjaro para que lo humano

sea humano y tenga una cultura virgen para ti.

 

Cargue tus paquetes o tu sed kilométrica

la soledad fecunda,

la del instante en vela,

que resbala de nuestras manos

y ya no es,

como el pez palpitante

que pasa de la mano al mar.

 

 

II

 

 

En este día, en este momento

los frutos, los árboles de ocasión

los del ahora que es sólo un árbol ardiente

bajo su necesaria eternidad:

 

Abre el ojo a la lentitud efímera,

la del viejo que sabe más por lo vivido

que por el paso infértil de los años.

 

Juan Pablo Roa (Bogotá, Colombia, 1967) estudió Letras en su ciudad natal. Tras una estancia en Portugal e Italia, entre 1993 y 1997, se radicó en Barcelona (España) en el año 2000, donde se desempeña como editor.

«Ya se ha dicho que todo libro es un manuscrito en una botella.»

renato poggioli